viernes, julio 03, 2009
miércoles, julio 01, 2009
Mis cursos de verano

martes, junio 30, 2009
Frankenstein dando la hora

jueves, junio 18, 2009
Un hombre en la bañera
Cuando llegué a casa con los zapatos en la mano y las perlas torcidas, él ya estaba dentro de mi bañera. Era un hombre del color del chocolate fundido, y me suena que ya nos habíamos visto antes, en algún sueño. Qué tal te ha ido el día, querida, preguntó tendiéndome su sonrisa triangular de copa de martini. Ahora te cuento, le contesté yo, soltando las sandalias como si fueran dos pájaros muertos.
miércoles, junio 17, 2009
Perturbaciones, en el blog de Sergio del Molino (gracias mil)
Me dicen algunas vocecillas que este blog es demasiado elevado, que hay que ver qué estupendo me pongo a veces. Así que empezaré el artículo de hoy aclarando el ‘conceto’, en atención a aquellas meninges que todavía no hayan sido activadas por la cafeína. Esta vez, la cosa va de literatura fantástica, pero vaya por delante que la literatura fantástica que se antologa en Perturbaciones nada tiene que ver con la que en las grandes cadenas de librerías viene etiquetada como tal. Aquí no hay runas élficas, ni enanos con hachas ni brujas malvadas. Lo fantástico aquí es lo que rompe las normas de la lógica. Como si te llamaras Gregor Samsa y te despertaras siendo un insecto. O como si encontrases, en un sótano de Buenos Aires, un aleph. O como si fueras paseando por la Gallerie Vivienne de París y aparecieses al segundo siguiente en el Pasaje Güemes, también en Buenos Aires.
En fin, no sé si me vais siguiendo.
Voy a dar por hecho que sí. Asumiré el riesgo.
La cosa va de quiebros, de perturbaciones. Tú estás tan pancho, creyendo que las cosas son como te las han explicado en la escuela: sabiendo que si tiras una tiza al suelo, esta, simplemente, caerá al embaldosado por la acción de la gravedad sin transformarse en luciérnaga ni en una puerta que da al ayuntamiento de Bruselas en 1753. El cuento fantástico, para serlo, necesita un quiebre irracional y sin explicación. Y no importa que no la tenga: el protagonista, el narrador y el lector no se sienten perturbados por lo absurdo e ilógico de lo que sucede en la historia, no tratan de comprender el misterio, sino que tiemblan por las consecuencias de ese quiebro, que suele suponer -o, al menos, lo intenta-, un cuestionamiento radical del mundo burgués en el que vivimos aborregados. Esa es la perturbación que persigue el relato fantástico, que nos den ganas de despedirnos del trabajo y de divorciarnos para vagabundear por ahí. Lo diré con palabras de Cortázar: “Solo viviendo absurdamente se podrá romper alguna vez este absurdo infinito” (paréntesis para rezagados: el absurdo infinito es la vida de mierda que vivimos, pero dicho en plan bonito. Fin del paréntesis). Es decir, que, si se hace bien, tirando la casa por la ventana, el relato fantástico tiene que horrorizar por igual a tu jefe, a tu suegra y a los amigos del alma que solo buscan lo mejor para ti.
Los escritores españoles han cultivado poco el género fantástico. Bueno, en realidad, han cultivado poco el cuento en general. Sigue habiendo pocos cuentistas por estos lares. Y, entre los cuentistas, hay pocos militantes de lo fantástico. Abunda la gente como yo, que admira y lee a autores fantásticos, pero que cuando se pone a escribir ficciones se maneja en el realismo y prefiere remover las miasmas de la cotidianeidad. Por eso los autores que Juan Jacinto Muñoz -a quienes muchos conocerán por sus intervenciones en ‘El ojo crítico’ de Radio Nacional- antologa pertenecen a un grupo de resistentes altamente concienciado de su misión y de su lugar en el panorama literario, y que está dispuesto a defender sus presupuestos estéticos hasta más allá de la dentellada.
Se nota en el prólogo, donde Muñoz saca su mejor arsenal teórico para intentar acotar y definir el resbaladizo e inaprehensible -por naturaleza- territorio de la fantasía. Lo hace por oposición a regiones fronterizas: la literatura de terror, la ciencia-ficción, la fantasía a lo ‘Dragones y mazmorras’ y el realismo mágico. No entraré en honduras -leed el prólogo, que es muy interesante y sugestivo-. Solo citaré esta frase de Muñoz: “El escritor fantástico es un francotirador epistemológico”.
Creo intuir que, a los efectos de estas Perturbaciones, lo que distingue lo fantástico de todo lo demás es la actitud: la literatura de terror puede parecer fantástica, pero como lo que busca es darme miedo y no perturbarme intelectualmente, no tiene cabida en lo fantástico. Yo no tengo las cosas tan claras. La perturbación es un sentimiento subjetivo que tiene que sentir el lector, y una novelita gótica puede perturbarme intelectualmente más que todo Kafka. No todo aquel que ansía ser profundo lo consigue, y a veces quien persigue el leve entretenimiento da en la diana sin querer. Hay francotiradores miopes y con muy mala puntería que solo consiguen dormirnos o darnos vergüenza ajena.
Por suerte, Juan Jacinto Muñoz no es tan radical a la hora de antologar, porque si fuera estrictamente consecuente con sus planteamientos estéticos no habría incluido en la nómina a algunos autores, como Ignacio Martínez de Pisón o Luis García Jambrina, pero es que una antología es necesariamente subjetiva y rabiosamente personal, por más que aspire a ser de acatamiento universal. A mí me gustan las antologías donde el antologuista quiere ser fiel a sí mismo y a su sensibilidad, antes que demostrar una tesis, y creo que Muñoz lo consigue.
Es de agradecer, además, que no aparezcan por aquí “los de siempre”. Es refrescante encontrarse con algunos outsiders, como el argentino afincado en España Norberto Luis Romero (a quien tuve la suerte de saludar en la pasada Feria del Libro zaragozana, cuando vino a presentar Emma Roulotte, es usted, que le ha editado el incansable Nacho Escuín en su cada vez más interesante editorial Eclipsados). La nómina es valiente y tiene su punto de riesgo. Como escribo desde Aragón, estoy obligado a destacar los cuatro nombres de la tierra que aparecen: Carlos Castán, con el que para mí es uno de sus mejores cuentos, ‘El andén de nieve’; Ignacio Martínez de Pisón, con un nostálgico recordatorio de sus primeros tiempos, donde se nota que tenía unas preocupaciones muy distintas a las de ahora; Patricia Esteban Erlés, que es una de las grandes esperanzas blancas del género fantástico y lleva camino de convertirse en su abanderada indiscutible en Aragón -su relato, ‘Cantalobos’, se puede leer en esta misma entrada, cortesía de la editorial-, y mi buen amigo Óscar Sipán, cuya adscripción fantástica -en los términos definidos para esta antología- me permito poner un poco en duda, ya que creo que sus universos y ciudades inventadas tienen mucho de real y poco de absurdo.
Para zambullirse y darse un garbeo por los vericuetos de una literatura tan plural como difícil de encasillar, Perturbaciones cumple de sobra. Es un libro necesario, que ayudará al lector que quiera empezar a vadear estos terrenos, y que tiene la virtud de remitir a otros libros, como los amigos llevan a otros amigos.
Perturbaciones se presenta el martes 16 de junio en la librería Cálamo de Zaragoza, a las 20.00. En el acto estarán el antologuista, Juan Jacinto Muñoz, el editor, Pablo Mazo, y los autores aragoneses Carlos Castán, Patricia Esteban Erlés y Óscar Sipán.
miércoles, junio 10, 2009
Fuego

martes, junio 02, 2009
Reseña de Perturbaciones en Masacre en los jardines
PERTURBACIONES
VV.AA
Edición y prólogo de Juan Jacinto Muñoz Rengel
Salto de Página,
Madrid, 2009
SÍ
El prólogo, a cargo de J.J. Réngel es tremendamente clarificador. Nos ha gustado porque limita con bastante acierto el paisaje de los relatos y los separa de otras corrientes genéricas que podrían confundir al lector. Traza un campo de juego cerrado (el paradigma de realidad y la distorsión que lo modifica) y que, al mismo tiempo, está lleno de posibilidades. Está escrito, además, con mucha inteligencia: nos trae al frente precedentes filosóficos para entenderlo y no cae en alabanzas pueriles al trabajo de los autores.
NO
Este mismo marco, acotado puntillosamente por el antólogo, sufre, sí, de algunas “perturbaciones” con algún que otro autor. Hay relatos que se pasan la propuesta del prólogo por el arco (mágico) del triunfo. Réngel, amigo, en esto has sido un poco tramposete. Véase Alicia a través del espejo, de David Roas. Bien: no hemos dicho que sea un mal relato, porque no lo es en absoluto.
SÍ
España es un país “antológico”. Casi todas las antologías del panorama, y son muchas, nacen con cierta vocación de ser un punto y aparte en el marasmo. Habitualmente el mismo propósito: perdurar en la mente del lector, ser citadas como referencia una vez que el tiempo dicta juicio. Y así tenemos antologías con novelistas que se sueñan cuentistas y no saben hacer la o con un canuto, despropósitos,encargos sin orden ni concierto o luminarias en la gran oscuridad,
Perturbaciones consigue ofrecerle al lector un arco generacional completo, con presencias inexcusables en el género del fantástico y autores que están empezando a hacerse oír con mucha fuerza. Es una cartografía exhaustiva y una fruta dis(fru)table a la vez. Lo más importante de todo: la hornada en general es de calidad y tiene varios relatos que son una auténtica bomba, un gozo y una fiesta.
NO
Las malas lenguas dicen por ahí que Perturbaciones paga algunos peajes en el cómputo general (¿y cuál no?); bien con algún autor consagrado al que habría que poner en cuarentena, bien por algunos relatos que son auténticos despropósitos, o bien por la sobreabundancia de los escritores de alguna comunidad autónoma. Ah, picaruelos, queréis que entremos al trapo pero lo vamos a dejar ahí.
SÍ
Los que nos tratan saben de nuestra famosa petición al Congreso de los Diputados . En ella solicitamos que Laura Gallego y autores afines sean inhabilidatos ad infinitum para rellenar hojas en blanco, sólo con permiso de hacerlo cuando sea para inscribir sus alergias en la ficha del ambulatorio de su barrio. Hace mucho que nos escama la fantasía épica y la blancura prístina de los Elfos y las frases del tipo “La espada de Ichildur, rey de los fanogontes de malvadas verrugas radioactivas, fue forjada en los gloriosos tiempos de…”. Aquí no hay de esas cosas. Ni rastro, tampoco, de toda esa corriente del fandom tan perniciosa, con la excepción de Elia Barceló, que ofrece un relato más que aceptable, por más que los diálogos (y está lleno) sean insoportables. Elia, háztelo mirar. Aleluya hermanos.
NO
Hemos oído que los escritores de género, los fandomitas y demás especies de ese cónclave tan majo que hace fiestas y conferencias para celebrarse a sí mismos, pueden estar salivando en su casa y ahora mismo rabian como monjas salidas porque no se les ha incluido.
SÍ
Cantalobos (Patricia E. Erlés), Venco a la molinera (Félix J. Palma), Roger Levy y sus reflejos (Ignacio Ferrando), Capitán Seymour Sea (Norberto L. Romero) La cueva y otros microrrelatos (F. Iwasaki), Fecundación (Pedro Ugarte).
NO
La mujer de verde (Cristina Fernández Cubas), Final Absurdo (Laura Freixas), Una cita aplazada sine die (Luis García Jambrina), Los palafitos (Ángel Olgoso), Diarios(Julia Otxoa).