viernes, diciembre 31, 2010

Feliz Año


Encontró a su novio muerto en facebook, por Nochevieja. Sin rencores escribió en su muro, deseándole un feliz año nuevo


En aquel extraño país, cuando llegaba el año nuevo, la gente se comía a doce miembros de su familia al son de las campanadas. A la hora de la cena los asientos cercanos a los más pequeños eran muy codiciados



miércoles, diciembre 29, 2010

Killer Barbies


De niña fui una famosa asesina en serie. En cuanto mis amigas se daban la vuelta o salían del cuarto de juegos en busca de la merienda, corría a exterminar a sus Barbies. No podía dejar de mirar sus ojos azul azafata mientras tiraba hacia atrás de la cabellera rubio platino, apretando los dientes; un golpe seco y la Barbie quedaba dividida para siempre en dos. Criaturas extrañas, las muñecas. Supongo que nadie me hubiera creído. De qué habría servido explicar que había una Nancy con sobrepeso y camisón de española de provincias apoyada en mi almohada, susurrándome cada noche que aquello era, desde luego, lo mejor para todas



martes, diciembre 28, 2010

De vez en cuando leo libros, 3: Guía de la novela negra

Debo decir que me ha encantado esta guía de la novela negra que cumple perfectamente su cometido y permite a cualquier lector profano en la materia como yo acercarse a la historia de un género que tiene entre sus precursores del siglo XIX a Dickens y Conan Doyle, así como comprender su evolución a partir de cambios en los temas y motivos predilectos de los autores en la centuria siguiente, y el momento que vive en la actualidad, gracias a obras publicadas ya en la primera década del siglo XXI.

El del enigmático Héctor Malverde es un repertorio ágil, que en ningún momento hace alarde de erudición y sabe combinar el sentido del humor, anécdotas, referencias librescas y cinematográficas y los propios gustos del autor con el conocimiento profundo y un amplio caudal de lecturas del género negro. He disfrutado mucho asomándome a las diferentes secciones del libro, que pasan lista a los primeros grandes nombres que hicieron incursiones en la novela negra, recogen motivos clásicos como la ambientación en grandes casas de campo de la campiña inglesa o lujosos cruceros, la creación de personajes tan conocidos como el padre Brown o Hercules Poirot, la novedad que supone la aparición en escena de tipos urbanos como Phillip Marlowe y otros detectives engabardinados que recorren las calles de grandes ciudades siguiendo el rastro de criminales violentos y escurridizos, sin olvidarse de la irrupción de agentes de la ley, policías e inspectores o médicos y forenses, e incluso investigadores aficionados que, andando el tiempo, se ven involucrados de un modo u otro en las pesquisas de un crimen.

Pero, además, Héctor Malverde incluye en un apartado a sus asesinos literarios favoritos, creando, en definitiva, un atlas global de un género en boga que invita a leer muchos de los títulos citados, a emular a los sabuesos más célebres y a desvelar, entre otros enigmas, el de su propia identidad

(Ficha inicialmente publicada en la web Anika entre libros, http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/m/P05991.ascx)

sábado, diciembre 25, 2010

Muñecas


Definitivamente, la muñeca que aparece en algunas de las fotos de mi infancia, es un espectro. Sé bien que mi madre la tiró a la basura cuando consideró que se había convertido en un trasto sucio e irrecuperable, a pesar de mis intentos para salvarla. De puntillas, froté su cabeza en el lavabo con una pastilla de jabón, desenredé su melena de vagabunda y la vestí con los indignados trajes de otras compañeras de estantería, pensando que algunas redenciones todavía son posibles. Pero ella se había vuelto para siempre una Muñeca Fea que miraba con desdén la puerta de mi habitación, como si más allá de la casa la esperara un lugar donde podría terminar de autodestruirse, en compañía de otros objetos desahuciados. Así que un día, simplemente, se largó. En las fotos en blanco y negro donde ya no pudo aparecer pero, sin embargo, aparece, lleva el cabello recogido en dos primorosas trenzas y un pichi de colegiala inglesa. Finge una mirada de niña aplicada y una media sonrisa amable para la cámara. Soy yo la que me preocupa más: en todas luzco una cabellera enmarañada, una delgadez de mendiga y unos ojos de pijama viejo que desmienten mi infancia.

jueves, diciembre 23, 2010

De vez en cuando leo libros, 2: Cartas a los Jonquières. Julio Cortázar


Después de la lectura de este cortísimo libro de seiscientas páginas no me queda otra alternativa que desear, con todas mis fuerzas, que algún dios misericordioso le haya concedido, por las buenas o por las malas, el don de la inmortalidad a Julio Cortázar. Eso querría decir que él está ahora mismo en algún lugar, sentado ante una mesa llena de papeles, aporreando su vieja máquina de escribir, interrumpiéndose a veces para añadir un acento a mano o prepararse un nescafé.

Quiero creer que existen por ahí, dispersas en carpetas y cajones aún desconocidos, cientos de cartas como estas que he leído, emocionándome a cada página, riendo a carcajada limpia, subrayando frases y párrafos que deseo no olvidar. Necesito pensar que la inevitable tristeza que ha provocado en esta lectora cerrar por última vez el libro cesará cuando de pronto aparezca, por arte de birlibirloque, otro tomo de su correspondencia.

Mientras tanto, nadie debería perderse esta fiesta de la literatura, este hechizo permanente que es leer al más grande de los cronopios, pobre de solemnidad en el París de los años 50, pero entregado al arte, a la vida y a la amistad con toda la pasión que cabía en sus frágiles dos metros de estatura.

Una descubre que Cortázar aprendía a ver para contar el mundo, devorando con fruición todos los cuadros renacentistas que se exponían en los museos, las obras de teatro que se representaban, la música que sonaba en las salas de concierto, los textos ajenos que leía. Cortázar se alimentaba en aquellos años penosos casi exclusivamente de arte y de amistad, procurando hacer partícipe de todo lo que vivía en París al camarada lejano que era Jonquières, compartiendo con él la extraña mezcla de libertad y culpa del exiliado, volcándose, todo generosidad y espíritu crítico al mismo tiempo, en la disección de las tentativas artísticas de su destinatario, discutiendo cada verso, cada título, cada pincelada, con una agudeza y una sinceridad que sin duda debieron resultar demoledoras muchas veces para Jonquières.

Le habla a su amigo del miedo al propio cuerpo, de la sombra alargada de la enfermedad que le persigue, y del amor interrumpido con Aurora Bernárdez, Glop, en Argentina, que se hará real y duradero en París. Le confía el estado embrionario de sus cronopios y sus famas, los dolores de cabeza que le ocasionan sus trabajos como traductor mercenario para la Unesco, el enigma de los cuentos de Poe, de quien sospecha que lo ha convertido en uno de sus atormentados personajes.

Cortázar irá, inevitablemente, cambiando con el tiempo, al igual que ocurre con su corresponsal al otro lado del Atlántico. Sin embargo, la relación sobrevive siempre, gracias en buena medida a los conmovedores esfuerzos del escritor para que así sea. Y es que una tiene la sensación de que esa amistad hecha de mimbres ilustrados y emocionales va adelgazando con el tiempo, queda reducida apenas a un hilo tenue, debido sobre todo a la progresión ascendente del autor (que empieza escribiendo cartas torrenciales en un cuarto parisino, en el tiempo en que alterna los oficios más diversos para pagar el alquiler y envía su última misiva, desgarradoramente breve, elegíaca, convertido ya en un nombre consagrado que asiste a congresos donde se analiza su obra y es traducido a los idiomas más diversos) pero se mantiene hasta el final, y al concluir la lectura de la carta del 24 de febrero de 1983 nota un conejo blanco, no, mejor dos conejos blancos, atorándole la garganta y se lleva la mágica impresión de que lo que tenido entre las manos era una novela disfrazada de carta, una novela que huele a tabaco, a jazz, a charlas hasta la madrugada; una novela por entregas, hecha de capítulos envueltos en sobres amarillentos como queso francés, que llegan desde los rincones más pintorescos del planeta. Una novela escrita en tono de confidencia que cuenta la historia de un argentino con cara de adolescente eterno y con serios problemas para pronunciar las erres, entregado a la literatura en tanto vía de comunicación de la belleza, del amor, y también, como no podía ser de otro modo, del maravilloso dolor y goce que supone estar vivo.

(Ficha inicialmente publicada en la web Anika entre libros, http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=/letras/C/p06096.ascx)

miércoles, diciembre 22, 2010

Solo de violín


La violinista pelirroja apura el sonido de la última nota en su instrumento y va dejando que poco a poco se convierta en silencio. Aparta el violín de su rostro y lo guarda entre sus brazos con manos lánguidas. Permanece inmóvil, sentada en el vestido negro, como si el concierto no hubiera terminado. Al fondo de la sala, un revuelo. Gente moviéndose entre las butacas. Al parecer, el señor que no ha dejado de toser la dos últimas horas ha sufrido un infarto. Le aflojan la corbata, le dan aire con el programa. La violinista sonríe, mientras, ahora ya sí, esconde el violín dentro de su caja

domingo, diciembre 19, 2010

De vez en cuando leo libros, 1: Los superhéroes y la filosofía. Blackie books


Siempre digo que sin las lecturas de cómics de superhéroes de mi hermano Luis, mi infancia no hubiera sido la misma. Tebeos amarillentos que llegaban a casa y se iban poco después, que había que leer deprisa, porque se cambiaban por otros en la tienda de Leoncio. He leído hace poco un libro fascinante, que dignifica el género, un libro de tapas duras que conecta a los personajes principales de esta actualización de los dioses griegos con cuestiones metafísicas, trascendentales, como la lucha del Bien y el Mal, la soledad del que posee un superpoder, un don, o la necesidad de justicia al margen del sistema. Si habéis disfrutado como lectores de los cómics, os recomiendo este libro colectivo, publicado por Blackie books. Os dejo una pequeña ficha de lectura.

Por si a alguien le quedaba todavía alguna duda al respecto, el cómic de superhéroes no es tan solo un colorido producto pop, que busca proporcionar a sus adeptos una lectura fácil e intrascendente. Esa es, quizás, la primera conclusión que se extrae del volumen que ahora nos presenta Blackie Books, en cuyas páginas los superhéroes, ataviados con mallas de lycra y capas voladoras, toman el relevo de los antiguos dioses griegos a la hora de representar la eterna lucha que el hombre sostiene contra los propios miedos, sus pasiones e incertidumbres, y el deseo de superación de sus limitaciones físicas.

Esta relación que va estableciéndose entre las figuras de un buen número de superhéroes y diversas cuestiones de índole filosófica, sirve para trazar un ameno recorrido por el mundo del cómic y llevar a cabo un intento de dignificación del género, toda vez que los temas abordados en gran parte de las novelas gráficas y filmes aluden cuestiones que asaltan al ser humano desde muy antiguo, y que han sido tratadas a lo largo de la Historia por filósofos como Aristóteles, Platón, Sócrates o Kant, tales como la inmortalidad, la lucha perpetua del Bien y el Mal, el dilema moral de la criatura portentosa que debe cargar para siempre con la responsabilidad de su superpoder, el engaño, la doble identidad que se oculta tras la máscara, etc.

Quiero destacar que algunos de los estudios incluidos me parecen francamente magníficos, porque analizan con sentido del humor y gran agudeza el tema planteado por su autor, de modo que puede disfrutar de su lectura el fan contumaz del cómic, pero también cualquier lector curioso que desee entrar en contacto por primera vez con el universo Marvel, los atípicos protagonistas de la serie Watchmen, o conocer las características que convierten en héroes antitéticos a personajes de sobra conocidos, como Superman y Batman, por ejemplo. En mi opinión, la primera y segunda parte del libro, tituladas respectivamente La imagen del superhéroe y El mundo existencial del héroe son extraordinarias en cuanto a lo sugestivo de los temas tratados y la brillantez con que se desgranan los planteamientos iniciales. Me han interesado muy especialmente los capítulos 4 y 5, Revisionismo de superhéroes en Watchmen y The Dark Knigth Returns y Dios, el Diablo y Matt Murdoch, que se encuadran en las dos secciones iniciales del estudio. En el primero de estos trabajos se analiza la figura del héroe sometido a estructuras sociales que coartan su libertad de acción, cuestionándola incluso, y cómo determinados personajes se rebelan contra el sistema y obran al margen de él y sus normas. Por su parte, el segundo de los artículos mencionados se centra en la curiosa figura de un superhéroe católico, Daredevil, que respeta siempre los preceptos de su fe, aunque pueda resultar contradictorio que estos mandamientos religiosos se apliquen a los representantes del crimen y la maldad absoluta. Pero también merecen, y mucho, la pena, los ensayos dedicados a algunas protagonistas femeninas, como el que se ocupa de Barbara Gordon, la heroína dotada de doble identidad que en un primer momento es conocida como Batgirl y discípula aventajada de El Caballero Oscuro, pero que tras quedar paralítica en un accidente asume la personalidad de Oracle, cumpliendo, de este modo, el ansiado perfeccionamiento moral que la aleja del maestro. Muy relacionado, precisamente, con Batman, se halla otro de los mejores capítulos, el firmado por Matt Morris, donde se repasa el concepto de amistad aristotélica que vincula al superhéroe más solitario con algunos miembros de su entorno, como Robin, Catwoman o su mayordomo Alfred.

Considerados durante mucho tiempo como ídolos de un público adolescente, estos personajes han conseguido durante décadas enteras ocultar bajo sus disfraces de colores primarios y un extravagante antifaz su verdadera trascendencia y la profundidad de sus historias. Gracias a Blackie Books por venir a desenmascararlos, al fin.

(Ficha inicialmente publicada en la web Anika entre libros, http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=/letras/M/p06117.ascx)


viernes, diciembre 17, 2010

La otra


En San Valentín me regaló un par de tetas, que sostienen impertérritas la mirada a la odiosa ley de la gravedad. Por mi cumpleaños llegaron unos pómulos, lisos y esteparios. Encontré una melena de muñeca muerta al pie del árbol, las últimas navidades. Son tus nuevas extensiones de pelo natural, querida, cuestan un riñón, me dijo. Salen juntos, beben y se divierten, él y ella. Yo me echo mucho de menos.

miércoles, diciembre 15, 2010

Taller intensivo microrrelato el 5 de febrero


Os anuncio que estoy organizando un taller de microrrelato el sábado 22 de enero del año que viene. No hay mejor manera de matar una tarde de sábado invernal que leyendo y escribiendo cuentos de dinosaurios, anuncios por palabras, bestiarios, cuentos crueles de infancia... Será de 17 a 20 horas. Si os apetece y queréis más información, escribidme un mail a patrotro@hotmail.com

IMPORTANTE. Cambio de fecha en el taller de Microcuentos para matar una tarde de sábado. Será, si no hay inconveniente, el día 5 de febrero del año próximo, de 17 a 20 horas, en la estupenda librería El Pequeño Teatro de los Libros. Por favor, decidme si os va bien, ha habido una colisión con otra actividad

CURSO COMPLETO. SI TE QUIERES APUNTAR EN RESERVA, POR SI FALLA ALGUIEN, ESCRÍBEME UN MAIL

domingo, diciembre 12, 2010

México. Gracias y más gracias


He pasado unos días inolvidables en México. Me invitaron a la Feria del Libro, esa FIL de la que tanto había oído hablar como de un espacio mítico, un planeta imaginario, creía yo, de editores y autores que sufrían un maravilloso delirio colectivo. No. La Feria de Guadalajara no es el lugar soñado por todos aquellos que amamos los libros, es un lugar real, un sitio en el que puedes compartir con muchos más integrantes de la misma logia una pasión que a menudo debes justificar en tu vida cotidiana. He visto cosas que no creeríais: filas de cientos de adolescentes con el pelo de pincho y las mismas bufandas palestinas que lucen los jóvenes españoles, esperando pacientemente para entrar en la Feria. He disfrutado de la comida y he sido entrevistada de forma concienzuda por periodistas que eran lectores de cuentos. He escuchado a uno de mis guionistas, de mis escritores de cine favoritos, Guillermo Arriaga, el autor de esa joya llamada 21 gramos, contando ante una sala llena de gente entregada por qué leer es un placer. He conocido algunas de las magníficas editoriales mexicanas, como Almadía o Artes de México, he disfrutado del calor de mis anfitrionas, verdaderos ángeles de la guarda, Consuelo y Esther, del cariño de Laura Niembro y Nubia, la del hermoso nombre, he compartido mesa con cuentistas estupendos, como Ignacio Padilla, Paola Tinoco, Mónica Lavín y Gonzalo Calcedo, el autor de Espantapájaros, uno de los más desoladores y bellos relatos que siempre sugiero leer a mis alumnos. Pero si tuviera que quedarme con algo, elegiría, sin dudarlo, la acogida del público mexicano, que llenaba las salas y mantenía un diálogo con nosotros, compartiendo experiencias, llevándonos a reflexionar, a hablar de libros como pocas veces he tenido ocasión de hacerlo. Nunca olvidaré la charla de El placer de la lectura, donde conversamos sobre la palabra como arma de defensa, como consuelo, como posibilidad de viajar y reencarnarte. Sobre Arreola, ese autor de cabecera, el ángel pérfido que me mostró cómo la maldad en literatura es un ingrediente artístico más. Muchas gracias a todos los que estuvisteis allí, por las risas, el cariño, y la vida que me regalasteis, y que me llevo conmigo.

Prensa en México

(Fotografía con Guillermo Arriaga, escritor de cine)

Durante la charla de El placer de la lectura, repasé algunos momentos de mi vida en los que la literatura se convirtió en algo realmente importante. Comenté que me libré del acoso de una compañera gracias a un poema (el único que afortunadamente he escrito en mi vida) que se me ocurrió mientras la profesora nos leía a Quevedo. Aquí va el texto que escribí a los 14 años, y que recuperé hace poco porque una amiga de aquel tiempo copió el poema en una carpeta y hace poco me lo pasó por facebook. Lo compuse para salvarme, mediante la palabra. La palabra es consuelo, belleza, también un arma.

Érase doncellla en grasas cautiva
Éranse kilos en mil no contados
Éranse cien cerdos encarcelados
Érase elefante y creíase diva
Era can rastreando delgadez esquiva
Era la otra vida del kilo cristiano
Monumento es a la gordura altiva
Era la raza de la estría entera
Era cruenta pugna entre ella y lo bonito,
todas las fofeces puestas en hilera.
Éranse gorduras de aquí al infinito,
ballenote obeso, tocicerda,
sexto continente, gordantesco mito.

domingo, diciembre 05, 2010

Receta de cuento


Leí ayer este texto en el Encuentro (o encuento) de cuentistas, en una mesa de lujo, acompañada por Mónica Lavín, Gonzalo Calcedo, Nacho Padilla y Paola Tinoco, y del público más cálido que alguien pueda imaginarse. Al término del acto, varios de los asistentes se acercaron a pedirme que les pasara el texto. Lo cuelgo aquí, en espera de que mi receta sea cocinada en algún relato. Muchas gracias a México.


RECETA PARA UN CUENTO

1) Procura que el comienzo de un cunt tuyo provoque en el lector el deseo irrefrenable de bajarle la cremallera, de leerlo hasta el final, incluso varias veces a lo largo del tiempo.

2) Hay que hacerse con unos cuantos buenos ángeles custodios, que velen las cuatro esquinitas de tu cama, de noche, cuando no puedas dormir porque te persiga una idea, de esa forma esquiva y al mismo tiempo perturbadoramente cercana que solo tienen las ideas que te persiguen de noche y que ya no recordarás cuando llegue la mañana. No escribas de laberintos, ni de camaleones melómanos, ni de señoritas parisinas que huelen a lavanda, ni de padres que cargan a hombros a sus hijos muertos, hacia donde aún ladran los perros.

3) Mata a Cortázar en lo que escribas. Mátalo porque es el padre, porque nunca podrás escribir como él: vamos a asumirlo de una vez. Pero inmediatamente después resucítalo. A los críticos literarios les encanta encontrar a Cortázar en cualquier lado, aunque sea en tus cuentos.

4) Como ya hemos aceptado que queda prohibio el jazz y París y los conejor que le salen a un tipo de la garganta cuando carraspea, porque todo eso le pertenece a tu difunto padre Cortázar, búscate la vida, encuentra tus temas, tus obsesiones propias, y échalas a andar.

5) Es probable que te ahorres un par de visitas al psiquiara si aprovechas para contar en tus historias las cosas que siempre te han dado miedo. Saca del armario las muñecas de porcelana, los espejos que te hacen dudar de quién eres tú y quién el reflejo, a tu hermana muerta de niña, si la tuvieras, esa pesadilla recurrente en la que el fuego crece en silencio, de noche, en la casa, mientras duermes...

6) De vez en cuando, que uno de tus personajes se convierta, de pronto, en otra cosa: en gato, o en prostituta de lujo, o en la antigua inquilina, ya muerta, del apartamento al que acaba de mudarse. Piensa que Ovidio, ese señor tan sabio, escribió más de doscientas metamorfosis, y en hexámetros. Nadie, que sepamos, ha protestado ni por la cifra, ni por la métrica, así que no temas, practica sin miedo, tú también, el noble arte de dar el cambiazo.

7) Saca a Guadalajara en tus cuentos. Es una ciudad fantástica, cítrica y luminosa cuyos encantos solo los oriundos están en disposición de cuentificar y explotar convenientemente.

8) Piensa de vez en cuando en la cara que quieres que ponga el lector cuando tenga un cuento tuyo delante. Esa, esa misma. La de quien sabe que acaba de probar un bombón envenenado. Ve a por ella, siempre.

9) No te preocupes si en tus relatos se cuelan canciones de soul, películas en blanco y negro, zapatos de marca, esquirlas de kriptonita, piernas ortopédicas, mariposas, hermanas siamesas. No dominas las historias de submarinos rusos, ni la poesía de los moteles de carretera en EEUU, es hora de ir asumiéndolo.

10) Nunca, nunca jamás, leas un cuento tuyo después de publicado. Es imposible recuperar y destruir todos los ejemplares que Casamayor ha puesto en circulación por el mundo. Relájate y disfruta, pues. Vive el, y si puede ser, del, cuento.