Ángel de familia

Nosotros no teníamos sirvienta. Era un ángel quien nos limpiaba la casa y lo dejaba todo brillante, cubierto de un halo plateado que encantaba a los niños. Cualquier mueble, cualquier pequeño sacacorchos o tenedor que él tocaba nos hacía soltar exclamaciones llenas de admiración. No sabemos qué pudo pasarle a nuestro ángel, que nunca se quejó de nada, por otra parte. No sabemos si los ángeles deben comer o dormir. Nunca contemplamos tal posibilidad, eso es cierto. Nuestro ángel ordenaba armarios de noche, limpiaba con esmero cada tecla de mi máquina de escribir, nos besaba en la frente cuando nos acostábamos y seguía limpiando, cocinando para el día siguiente, poniéndolo todo de color plata. Qué triste la mañana que lo encontramos tendido en el jardín, hecho un garabato de sí mismo como cualquier ser que se extingue, rodeado del desorden de hojas secas que debía de estar barriendo. Decidimos disecarlo, por unanimidad. A los niños les encanta tenerlo así, con las alas extendidas, junto al ventanal de su cuarto.
(Foto de Joel Witkins)
2 comentarios:
Cómo me gusta este micro Patro...
Es de sos tuyos donde tomas un ente y haces filigrana con él. Además de ese toque oscuro y gótico.
Recuerdo el del hada que estab aarrumbrada en el balcçon como un trasto más.
Un besico
Muchas gracias, Rosana, que he estado fuera y no he publicado el comentario hasta hoy! Un beso, Patro
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