Torpezas
Hay dos ángeles en la casa.
Ellos ni siquiera se conocen.
A veces se preguntan quién dejó el rastro de plumas blancas que queda flotando sobre la cama.
O levantan la cabeza sobresaltados, si entre sueños creen escuchar un revolotear de alas.
Son dos ángeles de ciudad, sin experiencia, algo asustados porque alguien les ha encargado que vigilen.
No lo hicieron muy bien.
Un día, la mujer no volvió.
Entonces siguieron cuidando de cosas pequeñas.
El fuego.
Las corrientes de aire.
El agua que guardan los grifos cerrados.
El ángel blanco teme a los perros y a los armarios abiertos como bocas que bostezan.
El ángel negro tiembla si el cielo esconde una tormenta o si ve por un instante su imagen reflejada en un espejo amarillento.
A veces pasean como insomnes por el pasillo. Solo entienden la palabra muerte cuando atraviesan, sin saberlo, el cuerpo del otro
7 comentarios:
Bravo Pat,
armarios con bostezos, rastros de plumas y custodios del agua encerrada en los grifos. Nunca dejas de sorprendernos, reina, tienes la mirada más original de literatura española contemporánea (y ya me debes otra cañita, hale :-)
En serio, hija, leerte es todo un placer
Muchos besos
Ro
Besos de vuelta, querida Ro, por todas tus maravillosas exageraciones. Emperatriz de la hipérbole!
Es lo que tiene la mezcla entre el nombre de andaluz y el ser de Bilbao ;-)
Sin embargo, contigo exagero poco -lo justito para hacerte reír-, puedes creerme guapa, que comento en bastantes blogs y sólo se me cae la baba sin remedio en otro par de ellos...
Más besos
Hla Patro, como con auqel microrrelatro del hada en estos dos que te leo das una visión de los seres fantásticos como especies en vías de extinción que mueve y conmueve.
La sirena me da penita, el par de ángeles me producen ternura.
Abracico
Gracias, querida Rosana, lo cierto es que cuesta hablar de estos seres de otra forma que no sea desde la despedida, la elegía. Es como si la imaginación no pudiera crear otra cosa que su extinción. Me gusta que te den pena y ternura, no te voy a mentir... Abrabeso
Entonces siguieron cuidando de cosas pequeñas.
El fuego.
Las corrientes de aire.
El agua que guardan los grifos cerrados.
Ahí el micro escala varios ochomiles.
Qué humanos estos ángeles.
Una gozada leerte, muñeca.
Honrada quedo, madame Quemadura... Ando escribiendo uno sobre la cueva del terror, a ver si lo consigo. Un beso grande, Patro.
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