jueves, octubre 27, 2011

Los niños pequeñitos


Los niños pequeñitos iban a tu clase, pero nunca los viste. En realidad, casi nadie se dio cuenta de que estaban allí, tan repeinados con colonia, tan cansados del verano el primer día de curso, tan fiesta subterránea de lapiceros de colores, diminutos fuegos artificiales de madera, tan cara de nieve en diciembre como cualquiera. Ni tú ni aquella monja que os daba clase de todo sin apenas saber de nada, que rezaba entre dientes una papilla de oraciones oscuras que te aterraban y olía como tú creías que huelen las casas cerradas a punto de derrumbarse, supisteis ver a los niños pequeñitos que jugaban al escondite en vuestros tobillos y os tiraban de las faldas, que os miraban con la curiosidad de quien contempla a alguien más grande, con esa devoción equivocada del que se siente protegido. Tú misma pisaste a un niño pequeñito rubio que apenas sangró, que casi no manchó tu zapato. Los otros niños pequeñitos cargaron su cuerpo, sus ojos abiertos tan grandes, tan grandes, como una colección de hormigas apenadas se lo llevaron al patio y lo enterraron junto a un rosal blanco.

3 comentarios:

Cartas en la noche dijo...

Por razones personales, pero también por amor a la literatura, no puedo decir otra cosa que los sombreros se han inventado, entre otra muchas cosas, para quitárselos ante texto como estos. Estando como estoy en trance de dejar marchar a mi hijo, lejos, muy lejos de aquí, para que su madre no muera de tristeza, me he sentido profundamente conmovido, y con unas ganas terribles de llorar como quien se arranca la mierda de su corazón a golpe de excavadora inmune a los encantos del lorazepán. Ay, si fuera una carta...

Un fuerte abrazo
Carlos M.
El Toro de Barro.

Rosana dijo...

Patro, ya sabes que este tipo de micros son mi debilidad.

Una vez más me identifico con tu imaginario infantil.

Qué bies mostrada esa atmósfera de colegio de monjas:
entre dientes una papilla de oraciones oscuras que te aterraban y olía como tú creías que huelen las casas cerradas a punto de derrumbarse,


Grande

Abrazo

carmen dijo...

Me pregunto si yo alguna vez fui uno de esos niños pequeñitos...
Describes como nadie el olor a monja.
Saludicos.